TRABAJEMOS JUNTOS

Presento mi candidatura

Porque creo tener la experiencia, el conocimiento, la honestidad y las propuestas para realizar el cambio que Costa Rica necesita.

Tengo la firme convicción del papel que jugarán los valores que viven en el alma de la mujer en la Costa Rica que juntos vamos a construir, ya que están llamados a ser la guía para encontrar la salvación de toda la humanidad ante un mundo tan complejo, como el que nos ha tocado vivir en la actualidad.

Los últimos gobiernos han sumido al país en el caos y la anarquía, generando como resultado pesimismo, indignación y sufrimiento en la población.Se ha jugado con la estabilidad económica de los hogares costarricenses, a partir de ocurrencias nacidas de políticos que no saben de economía, dirigidos por la opinión de economistas que no saben nada de política.

El problema actual tiene raíces viejas pues parte de un desconocimiento del cambio mundial que se ha acelerado, de actores políticos que se han rehusado a aceptar las transformaciones impulsadas por la cuarta revolución industrial, las soluciones del siglo XX en definitiva, ya no alcanzan a dar respuesta a las necesidades del siglo XXI.

La relación entre los sindicatos, los empresarios y el Estado debe ser un triángulo de confianza, diálogo y cooperación, todos somos costarricenses y queremos lo mejor para nuestro país, si partimos de ese hecho, el entendimiento es posible.

Desde hace años se debió haber impulsado una gran reforma del Estado, sino hay renovación no hay evolución posible. La capacidad política para impulsar las reformas necesarias fue el motor del desarrollo costarricense en el siglo XX, 

pero ya hay amplios sectores de ese Estado que se han convertido en un freno para continuar creciendo, cada día no hagamos nada peligra nuestro futuro, y nuestra democracia.

Costa Rica es un país inmensamente rico con un pueblo pobre porque no ha sabido usar sus recursos naturales de forma sostenible. Es posible reactivar la , y hacer una transformación social, con propuestas concretas y realizables, como por ejemplo reconocer que las labores domésticas deben ser un trabajo pagado.

El cuestionamiento moral es el principal reto. El dilema principal es más moral que ideológico. Quien quiera a este pueblo ante los retos actuales y futuros, debe tener la convicción y las credenciales suficientes para iniciar una era de limpieza que acabe con la corrupción y la irresponsabilidad política. Ningún líder cuestionado puede gobernar al país, como demostró el origen de la situación en Venezuela